sábado, 20 de agosto de 2022

CON EXPERIENCIA EN EL SECTOR

 Cuando llegué a trabajar en el la ruta del sol, sector 2, no sabía absolutamente nada del mundo de la infraestructura vial y menos de lo que era una concesión vial. Lo que si sabía era que tenía la capacidad de comprender el entorno socio-cultural, económico y político del proyecto, por mi historia de vida y mi formación profesional. También que tenía la capacidad de conectarme fácilmente con las comunidades y de gestionar los conflictos que pudieran surgir con ellas y con los líderes sociales, empresariales y políticos del área de influencia del proyecto; también sabía que tenía la capacidad para diseñar una estrategia de comunicación con los medios locales y la creatividad necesaria para realizar un proyecto educativo que contribuyera en la formación de una nueva cultura vial; también sabía que podía coordinar un equipo de trabajo y hacer una gran labor en la gestión social del proyecto.


Para mi fortuna, la persona que me contrató, no tenía el prejuicio de que debía contratar a alguien con “experiencia en el sector” pues no estuviera contando esta historia. Esta persona vio en mi hoja de vida y en la entrevista que poseía los conocimientos, cualidades y habilidades que se requerían para el cargo: responsable del programa social. Allí estuve durante siete (7) años, hasta que el proyecto se terminó. Las cosas propias “del sector” las aprendí en unas pocas semanas. Contratamos un equipo de profesionales que tampoco tenía “experiencia en el sector” pero sí en lo que se necesitaba para cada uno de los programas sociales (plan social básico y plan de manejo ambiental).

Hicimos una gran gestión social, reconocida por la ANI como la mejor de todas las concesiones, ganamos un premio de RSE y reconocimiento en otros espacios; el ministerio de educación se interesó en nuestro proyecto pedagógico en cultura vial que realizamos desde 2011 en 86 escuelas con más de 250 docentes y 1.600 estudiantes, al punto que estuvimos a punto de firmar un acuerdo con el MEN para el desarrollo de ese proyecto en todas las concesiones viales del país. También realizamos permanentes campañas de seguridad vial, apoyamos iniciativas productivas y la capacitación de periodistas en los municipios del AID. Sin duda contribuimos al desarrollo de los municipios en tanto que procuramos que los diferentes proyectos se realizaran en concordancia con los planes de desarrollo municipal y con enfoque de derechos humanos. Ha sido una gran experiencia en mi vida y sin duda para todos los que participamos de este proyecto. Hoy muchos están en otros proyectos viales (las 4G) gracias a lo que aprendieron de la ruta del sol, sector 2, donde iniciaron sin experiencia alguna “en el sector”.

Por esta razón no entiendo por qué razón las empresas del sector hidrocarburos y minería se empeñan en que los gestores o líderes sociales que necesitan para sus proyectos tengan “experiencia en el sector”. Les recomiendo que mejor se fijen en sus competencias, saberes y cualidades, que es lo que seguramente necesitan para una excelente relación con las comunidades y los líderes sociales y políticos de sus Áreas de Influencia, una acertada gestión de conflictos, mejores comunicaciones y construcción de desarrollo social; además de una mejor comprensión por parte de los encargados de las áreas de producción y operaciones de sus empresas sobre la importancia del entorno en la buena marcha de los proyectos. Estoy seguro que las cosas propias “del sector”  se aprenden en un par de semanas.

LA IMPORTANCIA DEL MAPA DE CONFLICTOS

 A pesar de todo el apogeo del discurso de la sostenibilidad y la responsabilidad social (ODS, Pacto Mundial, GRI, ISO 26000 y una larga lista de teorías y propuestas) los temas del entorno se siguen considerando como algo de trámite en los grandes megaproyectos, bien sea en el sector extractivo o de infraestructura vial. Por eso es muy común que algunas empresas, cuando llegan a un territorio a desarrollar un megaproyecto, estén más preocupadas por las condiciones técnicas del mismo que por las condiciones de su entorno, para lo cual solo se limitan al Estudio de Impacto Ambiental (EIA)  que para ellas es solo un trámite para obtener la Licencia para operar.


Por esta razón, cuando aparecen los conflictos, la inexperiencia de las empresas combinada con el afán de no retrasar sus obras, los lleva a perderse en las mil y una demandas que tienen las comunidades, muchas de ellas ajenas al proyecto que se desarrolla, ¿y por qué pasa eso? Por varias razones:

1.  La mayoría de los grandes proyectos se desarrollan en zonas alejadas de los grandes centros urbanos, es decir de zonas donde el Estado Nacional no ha hecho mucha presencia,  zonas que tienen demandas hacia el Estado y que no han sido resueltas, dicho de otra manera, zonas donde se les ha prometido mucho y se ha hecho poco o nada.

2.   Al llegar las grandes empresas a los territorios, las comunidades sienten que es su oportunidad para que se le resuelvan muchas de esas necesidades históricamente insatisfechas; y aunque las empresas no son el Estado, para las comunidades es como si lo fueran.

3.   La necesidad de tener a la comunidad de su lado para que no se paralicen las obras y una muy mala concepción de la Responsabilidad Social, conduce a las empresas a realizar todo tipo de acciones, la mayoría asistencialistas, de manera descoordinada (con los planes de desarrollo de los municipios, con las necesidades de las comunidades y con las prioridades de la empresa) que las hace parecerse a aquel nuevo rico que no sabe cómo y con quién gastarse la plata.

4.     Las comunidades identifican rápidamente la debilidad de su oponente y convierten la relación con la empresa en un chantaje constante con peticiones que, la mayoría de veces, son injustificadas.

Entonces que hacer para que la relación empresa-comunidad sea proactiva y benéfica para ambas partes?

1.     La empresa debe saber que su entorno no es un obstáculo ni un requisito. Su entorno es lo que le da sentido a su proyecto. Además de realizar su EIA debe conocer más su territorio y para ello debe conocer las dinámicas económicas, sociales y culturales de su Área de Influencia Directa (AID).

2.  A partir de ese conocimiento la empresa debe levantar un Mapa de los Conflictos que históricamente han vivido estas comunidades e identificar cuáles de ellos se ahondarán con la  ejecución de su proyecto y cuales nuevos se generarán. 

3.  Para la gestión de sus conflictos, Empresa y Comunidad deben entablar un proceso de comunicación franco y abierto donde cada una de las partes reconoce la legitimidad del otro, su papel y sus alcances en la contribución de desarrollo social dejando claro cuales asuntos están por fuera del campo de acción de la empresa por el tipo de proyecto que se ejecuta.

4.   La empresa debe tener en cuenta  los Planes de Desarrollo de los municipios donde interviene para que aquellos proyectos, acordados con las comunidades, realmente contribuyan al mejoramiento de la calidad de vida de sus beneficiaros  y sean sostenibles.


5.  La empresa debe tener siempre presente que los asuntos sociales no son un relleno de los proyectos sino la razón de ser de los mismos y por eso necesitan profesionales idóneos, con el conocimiento y el entrenamiento necesario para una gestión exitosa.

GESTION SOCIAL

 En el viejo paradigma de los proyectos con alto impacto socio-ambiental se consideraba que las personas del entorno eran una molestia, un montón de gente inconsciente que no entendía el desarrollo que las obras traían para su comunidad y para el país; o un poco de avivatos que solo querían “sacarle algo” a la empresa  (aquellas del sector extractivo y de infraestructura vial). Por eso la gestión social siempre se vio como algo inferior al interior de las empresas, y de los clientes, por supuesto. “lo social” como solían decirlo en tono displicente se lo delegaban a cualquiera: a un ingeniero de producción o aun jefe de seguridad o por lo general al jefe del área ambiental. Es decir “lo social” era algo de segunda, algo que solo podía tener alguna relevancia cuando aparecían los “problemas con la comunidad”, un verdadero fastidio según ellos.


Por fortuna hoy ya no es así, en el nuevo paradigma de la Sostenibilidad se reconoce al Otro “como un legítimo otro en la convivencia con uno”. Es decir, ahora se reconoce a las comunidades del Área de Influencia (A.I) como parte interesada del proyecto, sujetos que quieren entablar un diálogo con las empresas para conocer mejor los proyectos y para que sus inquietudes, temores y afectaciones (cuando las hay) sean resueltas de manera oportuna. Por eso hoy, las empresas tienen su área social bien definida, con programas y proyectos orientados a la mitigación de los impactos que puede causar su operación y la generación de oportunidades para las comunidades de su A.I. Además cuentan con un líder idóneo que, además de tener el conocimiento propio de un profesional en ciencias sociales, cuenta con la autoridad suficiente para liderar su equipo de trabajo y gestionar los conflictos que se presentan con las comunidades que con frecuencia recurren a las “vías de hecho” y logran parar las obras de forma indefinida. En síntesis hoy tenemos una gestión social propositiva y ya no reactiva.

Ahora tengo la duda si es así o me lo soñé…?

RESPONSABILIDAD SOCIAL

 Toda acción, programa o proyecto tiene sentido en tanto y en cuanto su origen y resultado es el bienestar de los seres humanos. En otras palabras no existen proyectos per se, los proyectos tienen el propósito de mejorar las condiciones de vida de las personas, es por esta razón que la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) no puede ser algo marginal, porque es la piedra angular de todo negocio, bien sea en un laboratorio científico, en un megaproyecto del sector extractivo o la infraestructura, en una mediana empresa prestadora de servicios o en un local de Sanandresito. Pero primero aclaremos que es la RSE y quizá lo primero sea decir lo que NO es.


RSE no es asistencialismo. No es regalar mercados o juguetes en navidad, o regalar tejas y ladrillos para una comunidad o hacer salones y colegios donde nadie los necesita; tampoco es reemplazar al Estado en sus obligaciones ni convertir la empresa en una ONG; la RSE tampoco es un gasto o una moda o algo tan sofisticado que solo lo deben hacer las grandes empresas, también es una responsabilidad de las MIPYMES.

De todas las definiciones me gusta esta: Responsabilidad Social de la Empresa es, además del cumplimiento estricto  de las obligaciones legales vigentes, la integración voluntaria en su gobierno, estrategias, políticas y procedimientos, de las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales  y de respeto a los derechos humanos que surgen de la relación y el diálogo transparente con sus grupos de interés, permitiéndole  asegurar el crecimiento económico, el desarrollo social y el equilibrio ecológico.

Partimos de la idea de que el primer nivel de la RSE es el cumplimiento legal de las obligaciones y el reconocimiento de las personas que hacen parte directa de ese proyecto y aquellos que indirectamente también reciben algún beneficio o tienen algún tipo de impacto que los pone en el círculo de sus grupos de interés, con los cuales se debe establecer un diálogo abierto para diseñar estrategias y políticas de intervención, que además de contribuir con el bienestar social (hacia dentro y afuera) y el equilibrio ambiental, asegura las ganancias de la empresa.

Ante la situación del planeta no podemos seguir siendo indiferentes o  lavándonos las manos con acciones aisladas como pagando 20 pesos por una bolsa cuando en nuestra empresa o negocio ni siquiera reutilizamos, reciclamos o reducimos el consumo o marchando por el agua mientras los domingos derrochamos el agua lavando el carro o botando el aceite y los desperdicios por la alcantarilla, por poner algún ejemplo.

Las empresas (grandes, medianas y pequeñas) tienen el deber de diseñar programas de RSE de acuerdo con su línea de negocio y en sintonía con los  Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los ciudadanos comunes tenemos la responsabilidad de velar porque las empresas y sus productos cumplan unos mínimos de RSE como el respeto por los derechos humanos, la transparencia, la seguridad de sus trabajadores y la mitigación y/o compensación de sus impactos socio-ambientales.

LA ÉTICA DIALOGICA EN LA EMPRESA

Los contenidos mínimos de una ética cívica presuponen que los valores de Libertad, Igualdad y Solidaridad están presentes porque se parte de la premisa de que los Seres Humanos somos capaces de tomar decisiones de un modo moralmente autónomo en el que la sociedad le reconoce el valor de promover una igualdad material y cultural en las personas.

La Empresa Moderna, que surge bajo el paradigma de eficiencia y eficacia propio de la concepción moderna del mundo, en la perspectiva de un Sujeto solitario que solo se reconoce a sí mismo y ve en los otros a potenciales competidores y/o medios para la realización de sus propios fines, actúa en consecuencia con estos principios. Es decir, La Empresa, como organización, no tiene motivos para reconocer en los otros (grupos de interés) ni en lo otro (el medio ambiente) personas o elementos a los cuales tiene que considerar ni que cuidar para seguir siendo ella misma. Ella está en su negocio.

El resquebrajamiento de esta imagen de mundo y la necesidad de construir sociedad sobre unos valores mínimos referidos a la condición humana y compartidos por la mayoría de personas, se da con el reconocimiento de los Derechos Humanos que, si bien, surgen en correspondencia con una concepción individualista del mundo, se fueron complementando con reconocimientos de orden social, cultural, económico y ambiental, para finalmente adoptar una postura de integralidad centrada en la vida humana.

Este marco evolutivo en la concepción de los Derechos Humanos, se da en el proceso de recomposición de la modernidad que al resistirse ante la llamada posmodernidad, se sacude de la concepción monológica de la razón hacia una idea de razón dialógica que se construye a través de las relaciones intersubjetivas en procura de entendimientos y se evidencia como acción comunicativa. “El concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento sin más abreviaturas, en que hablantes y oyentes se refieren, desde el horizonte pre interpretado que su mundo de la vida representa, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para negociar definiciones de la situación que puedan ser compartidas por todos” (Habermas, J. Teoría de la Acción Comunicativa)

Desde el paradigma de la Razón Comunicativa las acciones van siempre orientadas al entendimiento. El lenguaje constituye un medio que sirve para coordinar las acciones de los participantes en una situación. Las relaciones son de igualdad y se pretende transparencia en las intenciones a fin de conseguir acuerdos con base en el mejor argumento, puesto que los acuerdos tienen que tener una base racional; es decir, no pueden venir impuestos por ninguna de las partes, ya sea instrumentalmente, por una intervención directa en la situación de acción o estratégicamente, por medio de un influjo calculado sobre las decisiones del oponente pues los acuerdos se basan en convicciones comunes.

En el acto comunicativo la otra persona se me da –no como un oponente- sino como un Sujeto al que reconozco en su propia dimensión y con las mismas condiciones para el entendimiento que tengo yo. Desde aquí se construye un modelo de relacionamiento que encaja en los principios de la Ética Dialógica que en la perspectiva de una Ética Aplicada a La Empresa reconoce que ésta no es una organización solitaria, sino que comparte su realidad con otros actores que tienen interés en ella y sobre los cuales ella también se interesa: los Grupos de Interés.

En este giro la Empresa ya no se ve a sí misma como una organización cerrada en el ámbito de las relaciones económicas donde sólo busca su propio beneficio, sino que ahora se reconoce como una institución económica y social que se desarrolla en un entorno (medio ambiente) para que los principios de eficiencia y justicia se mantengan como elementos inseparables pues “un medio ambiente sano constituye un requisito sin el cual no es posible una vida verdaderamente humana o digna, porque el ser humano se hace, vive, en un medio, por tanto una vida humana digna es una vida vivida en un entorno digno”  (Ferrete Carmen, La Ética Ecológica como Ética Aplicada)

De esta manera entramos en una realidad que pasa, desde el punto de vista  empresarial, de entender la empresa como una organización que preocupada por sí misma ve en los Grupos De Interés y su Entorno simples medios o instrumentos para alcanzar sus fines a una empresa que continúa en el propósito de lograr sus fines pero ya no se mira a sí misma como una máquina depredadora de talentos y del medio ambiente sino que reconoce la presencia activa de los otros y la necesidad del actuar de manera amable con su entorno.

Aunque la realidad es que este es un camino fácil de decir pero muy difícil de hacer, pues no es raro que muchas empresas que han incorporado los conceptos de RSE y Sostenibilidad en sus discursos e imágenes oficiales y que ganan premios y reconocimientos por los informes que publican, aun no logran hacer de ello una práctica cotidiana con sus colaboradores directos y contratistas.

EMPRESA Y DERECHOS HUMANOS

 Con el surgimiento de la época moderna, la Razón, que devino en racionalidad técnica, colonizó todas las esferas de la vida humana, reduciendo  casi todas las perspectivas de mundo a la perspectiva instrumental –medios para fines.


Esta Razón Moderna es una razón egocéntrica, individualista y monológica[1], que traducida en racionalidad técnica ofrece las condiciones de posibilidad para el surgimiento de la empresa moderna. En este sentido, la empresa en tanto que organización que se ocupa de desarrollar procesos de transformación de la materia para producir bienes y/o servicios destinados a satisfacer las necesidades de sus demandantes y, en consecuencia, generar utilidades para sus dueños o accionistas, se comporta según los lineamientos éticos que este tipo de racionalidad le ofrece y le exige.

Dicho de otra manera, la empresa moderna surge bajo el paradigma de eficiencia y eficacia que en la modernidad se asimila como símbolo de éxito, prosperidad y desarrollo, en la perspectiva de un sujeto solitario que solo se reconoce a sí mismo y ve en los otros a potenciales competidores y/o medios para la realización de sus propios fines, en ese sentido, la empresa actúa en consecuencia con estos principios y el mismo enfoque.

En este sentido la empresa, como organización, no tiene motivos para reconocer en los otros (grupos de interés) ni en lo otro (el medio ambiente) personas o elementos a los cuales tiene que considerar ni que cuidar para seguir siendo ella misma. La empresa está en su negocio y la primera aproximación al  reconocimiento de los  derechos humanos corresponden  a una concepción del mundo racional, donde el ser humano, como poseedor de la Razón, se eleva como sujeto pensante (y superior) sobre todas las demás creaturas de la naturaleza. Sin embargo, el desarrollo mismo de la historia humana fue dejando en evidencia que la felicidad humana no estaba en la acumulación per se de bienes materiales ni que el Desarrollo de los pueblos estaba referido exclusivamente al crecimiento económico de los países; es decir la modernidad llevaba consigo el germen de su propia crisis.

Desde esta perspectiva podemos inferir que los Derechos Humanos, que surgen en correspondencia de una concepción individualista del mundo, se fueron complementando con reconocimientos de orden social, cultural, económico y ambiental, para finalmente adoptar una postura de integralidad centrada en la vida humana, como lo reconoce la declaración de Viena y el plan de acción donde se define que todos los Derechos Humanos son universales, indivisibles e interdependientes

“Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso. Debe tenerse en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios históricos, culturales y religiosos, pero los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades  fundamentales”[2].

Este marco evolutivo en la concepción de los Derechos Humanos, se da en el proceso de recomposición de la modernidad que al resistirse ante la llamada posmodernidad, se sacude de la concepción monológica de la razón hacia una idea de razón dialógica que se construye a través de las relaciones intersubjetivas en procura de entendimientos y se evidencia como acción comunicativa.

“El concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento sin más abreviaturas, en que hablantes y oyentes se refieren, desde el horizonte preinterpretado que su mundo de la vida representa, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para negociar definiciones de la situación que puedan ser compartidas por todos”[3]

Desde el paradigma de la razón comunicativa las acciones van siempre orientadas al entendimiento. El lenguaje constituye un medio que sirve para coordinar las acciones de los participantes en una situación. Las relaciones son de igualdad y se pretende transparencia en las intenciones a fin de conseguir acuerdos con base en el mejor argumento, puesto que los acuerdos tienen que tener una base racional; es decir, no pueden venir impuestos por ninguna de las partes, ya sea instrumentalmente, por una intervención directa en la situación de acción o estratégicamente, por medio de un influjo calculado sobre las decisiones del oponente. Los acuerdos se basan en convicciones comunes.[4]

El otro se me da –no como un oponente- sino como un Sujeto al que reconozco en su propia dimensión y con las mismas condiciones, para el entendimiento, que tengo yo. De aquí construyo un modelo de relacionamiento que encaja en los principios de la ética dialógica que en la perspectiva de una ética aplicada a la empresa reconoce que ésta no es una organización solitaria, sino que comparte su realidad con otros actores que tienen interés en ella y sobre los cuales ella también se interesa: los Grupos de Interés

En este giro la Empresa ya no se ve a sí misma como una organización cerrada en el ámbito de las relaciones económicas donde sólo busca su propio beneficio, sino que ahora se reconoce como una institución económica y social que se desarrolla en un entorno (medio ambiente) sano que hace posible los principios de eficiencia y justicia que se mantengan como elementos inseparables.

“un medio ambiente sano constituye un requisito sin el cual no es posible una vida verdaderamente humana o digna, porque el ser humano se hace, vive, en un medio, por tanto una vida humana digna es una vida vivida en un entorno digno. Pero un entorno natural adecuado no se trata sólo de una condición de vida deseable, sino que además puede convertirse en criterio de Justicia. Una condición de justicia porque es previa e indispensable para el ejercicio de otros derechos, como el derecho a la libertad, a la salud, al trabajo, etc., porque sin esta condición las personas serían incapaces de iniciar acciones y de asumir la responsabilidad de las mismas”[5]

De esta manera entramos en una realidad que pasa de entender la empresa como una organización que preocupada por sí misma ve en los grupos de interés y su entorno simples medios o instrumentos para alcanzar sus fines a una empresa que continúa en el propósito de lograr sus fines pero ya no se mira a sí misma como una máquina depredadora de talentos y del medio ambiente sino que reconoce la presencia activa de los otros y la necesidad del actuar de manera amable con su entorno.

Frente a esta nueva realidad el mundo se ha movilizado para que los Derechos humanos no sean solo un discurso bien intencionado, sino una marco real para el desarrollo de la vida humana, donde los Estados  sea sus garantes y procuren su defensa y protección y  que las empresas, en tanto que actores centrales del Desarrollo de los pueblos, actúen consecuentemente en su respeto y promoción en su respectiva cadena de valor.

De esta manera surgen los principios rectores de la ONU sobre las empresas y los derechos Humanos, basados en el reconocimiento de: a) Las actuales obligaciones de los Estados de respetar, proteger y cumplir los derechos humanos y las libertades fundamentales; b) El papel de las empresas como órganos especializados de la sociedad que desempeñan funciones especializadas y que deben cumplir todas las leyes aplicables y respetar los derechos humanos; c) La necesidad de que los derechos y obligaciones vayan acompañados de recursos adecuados y efectivos en caso de incumplimiento[6].

En cuanto a la responsabilidad de las empresas frente a los Derechos Humanos, se plantean dos clases de Principios: Los Fundacionales y los Operacionales. Los primeros establecen las directrices que deben seguir las empresas en el respeto por los derechos humanos y los segundos señala las políticas y procedimientos que deben seguir las empresas en el cumplimiento de estas responsabilidades. De esta manera estos principios se constituyen en una carta de navegación que guía a las empresas por un camino acorde con las necesidades del ciudadano presente y futuro.

Comentario final.

Los cambios en la concepción de mundo, surgidos con la crisis de la modernidad, han puesto al hombre, otra vez, en el centro de las representaciones. Sin embargo, la nueva imagen del hombre no lo muestra como un individuo frío, aislado y omnipotente, sino como un ser de diferentes facetas que se expresan en variadas formas del pensamiento, que le posibilitan la construcción de mundos de vida compartidos e integrados con los otros y con el medio ambiente.

La nueva imagen del hombre es la de un hombre  que se piensa a sí mismo en proyección con los demás y que se reconoce como un sujeto capaz de organizar la vida material, social y subjetiva, según los criterios racionales que construye en la convivencia con los otros; pero que también, en medio de ello, reconoce consigo la vivencia de situaciones que no pertenecen al ámbito de la razón y que no por ello son irracionales. Esta apertura de Horizontes en la comprensión de sí mismo, ha posibilitado el surgimiento de nuevas tendencias en la concepción del Desarrollo, y en consecuencia, en la de los Derechos Humanos y los Procesos Económicos en el marco de la empresa como organización económica y social enfocada al Desarrollo Sostenible.





[1] Habermas, Jürgen. El Discurso Filosófico de la Modernidad. Taurus, 1987.
[2] DECLARACIÓN y Programa de Acción de Viena, 1993.
[3] HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Taurus, 1989. Tomo I. P. 138.
[4] Ibid, Pg. 139
[5] FERRETE Sarria, Carmen. La Ética Ecológica como Ética Aplicada. Tesis Doctoral. Universidad Jaume I, 2005.
[6] ONU. Asamblea General. Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos: puesta en práctica del marco de las Naciones Unidas para "proteger, respetar y remediar", 2011.

GESTON DEL IMPACTO SOCIAL (II)

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