sábado, 20 de agosto de 2022

GESTION SOCIAL: El Arte de la Ciencia

 La Gestión Social en los proyectos de alto impacto (sector extractivo e Infraestructura Vial) ha evolucionado con el paso del tiempo, por las demandas de la sociedad en relación con los Derechos Humanos y especialmente con los cambios de Paradigma sobre el Desarrollo. Atrás quedaron los días en que la gestión social de los proyectos de alto impacto estaba dirigida por un Ingeniero y sus políticas se limitaban a ejecutar acciones de tipo asistencialista. 

Sin embargo, aún falta mucho para construir una Gestión Social acorde con las exigencias de la sociedad contemporánea, especialmente en la comprensión de ella desde un Enfoque Diferencial, haciendo especial énfasis en la Equidad de Género, los Derechos Humanos en su visión Integral y la perspectiva de una Ética Ecológica. Pues aunque no hay Gerente que no diga públicamente que “Lo Social” -como suelen llamarlo con cierto dejo peyorativo- es lo más importante, la realidad es que en los proyectos donde el “Core Business” está en la extracción de minerales o en la construcción de grandes puentes o carreteras, “lo Social” no define las licitaciones, ni las ganancias del proyecto; pero si puede incidir en las pérdidas, y por eso muchos lo consideran un obstáculo que hay que resolver de la manera que sea. Esto ocurre cuando “lo social” sigue siendo visto por los tomadores de decisión y los ordenadores del gasto como “un problema” que hay que evitar y/o solucionar de la manera más rápida aunque no sea la más conveniente para las comunidades y algunas veces para la misma empresa que, en ocasiones, termina pagando mucho más por enderezar los entuertos de aquellos asuntos que no resolvieron de manera adecuada en el tiempo oportuno.

Afortunadamente, como dije antes, la Gestión Social ha evolucionado y esto se evidencia en que ahora existen Planes y Programas para diseñar y gestionar los proyectos requeridos para prevenir y mitigar los impactos generados. Sin embargo, es una Gestión Social instrumentalizada y operativa, restringida a las obligaciones contractuales y con poco margen para ampliar su acción en función del bienestar y el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades de su área de influencia. Esto pasa por dos razones: 1) Porque la Gestión Social sigue siendo vista como una labor de segunda categoría. Si bien las personas que orientan los programas son profesionales de las ciencias sociales, quién toma las decisiones finales y ordena el gasto es un gerente de algún área técnica o en el mejor de los casos el responsable del área ambiental; 2) Porque desde la visión técnica desde la que se dirigen los proyectos, “lo social” es como una bolsa donde todos caben por igual. Aquí me detengo para explicar mejor este punto.

De modo general llamamos ciencias sociales a aquellas que están dedicadas al estudio científico de la acción humana en su relación con el otro, lo otro y consigo mismo. Cada ciencia se construye dependiendo la perspectiva de lo que se estudie en esa triple relación y de la forma como se construya el conocimiento (epistemología). En el lenguaje cotidiano al hablar de las ciencias sociales incluimos también las disciplinas científicas y las profesiones que surgen en este campo. Sin embargo, en el mundo de los proyectos de alto impacto estas diferencias no importan, allí todo lo que tiene que ver con la presencia de personas dentro del área de influencia del proyecto se simplifica en una frase: “lo social”. Por eso cuando se hacen convocatorias para realizar la Gestión Social de los proyectos todo se mete dentro de una sola bolsa con un anuncio que dice más o menos así: “se requiere profesional social (en Sociología, Psicología, Trabajo Social y afines para …”).

Frente a esto, y por las condiciones del mercado, los profesionales de las ciencias sociales han tenido que aceptar esta especie de “maltrato profesional” pues los sueños con los cuales se fueron edificando los conocimientos propios de cada saber, con los cuales se vivieron trasnochos, crisis existenciales, emociones y razones, quedan borrados de un plumazo y el psicólogo clínico queda sabiendo y haciendo lo mismo que el psicólogo social, el trabajador social, el comunicador, el sociólogo, el historiador o el antropólogo; y si no fuera porque tener el título es una condición contractual, hoy día, seguramente esos cargos los ocuparía cualquier persona de cualquier profesión o incluso sin profesión, porque en la visión de muchos gerentes y empresas, es que “eso de lo Social” es solo un relleno, algo que puede hacer cualquiera, como se hacía antes.

Aunque algo de responsabilidad también la tienen quienes aceptan estos trabajos y una vez en ellos no marcan la diferencia que podrían hacer desde los saberes y competencias propias de su profesión y más bien se resignan a hacer lo que toque sin proponer una innovación, cuestionar, censurar u oponerse. He visto casos en que una mala decisión de un gerente técnico es acatada, sin chistar, por parte de profesionales de las ciencias sociales aun cuando saben que esa decisión no es conveniente para una familia, comunidad o, inclusive, la empresa; simplemente se acata por miedo a perder su puesto o ser objeto de un regaño. Y es debido a esa actitud pusilánime y mediocre de algunos(as) por la que el trabajo de los profesionales del área social es subvalorado y se refieren a ellos, a veces de manera peyorativa, como “el social”, alguien que se puede reemplazar fácilmente porque no es importante para el desarrollo del Proyecto o porque simplemente es alguien "con el cual o sin el cual todo sigue tal cual".

Es por eso que considero que reconocer la dignidad del profesional en Ciencias Sociales en cada una de sus área del conocimiento es vital para que los proyectos de alto impacto tengan un mejor rendimiento, pues el mejoramiento en las relaciones con las comunidades desde la comprensión del Sentido de sus acciones, de su historia, cultura, usos y costumbres; del conocimiento de los actores y su relación con el proyecto en sincronía con sus historias y proyectos de vida; de una construcción social del riesgo que potencie las dinámicas de participación ciudadana y el sentido de pertenencia del proyecto para su desarrollo comunitario; redundarían en una relación más armónica entre las empresas y las comunidades que se traduciría en mejor disposición al diálogo y la negociación preventiva y, por lo tanto, menos conflictos críticos que paralizan los proyectos y generan altos costos en su solución y el retraso de las metas propuestas.

Cuando cada profesional, según su formación, está en el lugar que le corresponde dentro la Gestión Social del un proyecto, ésta pasa de ser un mero instrumento para el cumplimiento contractual y/o de los planes de manejo para convertirse en una sinfonía de acciones que le generan un valor agregado a los proyectos y a las empresas que los lideran, conectándose armónicamente con los principios requeridos hoy en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Responsabilidad Social Corporativa.

Es en ese sentido que el Director de la Gestión Social se convierte en un verdadero artista que sabe combinar los saberes de las Ciencias Humanas con las necesidades reales de los proyectos, haciéndose el socio de todos los equipos de trabajo y de todos los actores externos interesados en el Proyecto. Un profesional que sabe conciliar los propósitos económicos del Proyecto con la sostenibilidad ambiental y el mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades de sus áreas de influencia.

Mi llamado a las empresas es a mirar la Gestión Social como algo que está en el corazón de los proyectos y no como algo marginal; y a los profesionales de la Gestión Social a posicionarse de sus saberes y competencias para ofrecer el mejor servicio que las empresas, los proyectos y las comunidades requieren.

 

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