lunes, 26 de septiembre de 2022

GESTON DEL IMPACTO SOCIAL (II)

Hemos construido un mundo desde la razón y específicamente desde la razón logocéntrica, es decir aquella que se erige como la única verdadera y su mejor expresión es la racionalidad instrumental. Gracias a ella ha sido posible la ciencia, la organización social y hasta el arte. Se suponía que con ella también alcanzaríamos la felicidad. Sin embargo, el mundo descubrió que no era así y que hay muchas cosas dentro del mundo social y personal que escapan a los dominios de esa razón cartesiana y obedecen a otras formas de pensamiento que requieren ubicarnos en puntos diferentes, abrir nuestros horizontes y transitar desde el campo de la explicación hacia el terreno de la comprensión.

Gracias al entendimiento y la comprensión de las limitaciones de nuestra razón, monológica y egocéntrica, han sido posible nuevas visiones del Desarrollo Humano más allá de lo indicadores económicos, la complejidad de nuestro sistema de pensamiento, la idea de una inteligencia emocional, la racionalidad comunicativa y una ética ecológica, por citar algunos ejemplos.

Sin embargo, en nuestras latitudes aun predominan los paradigmas de la eficiencia a todo costo y a toda costa; por eso vemos que algunas empresas (mineras, petroleras o consorcios carreteros) llegan a los territorios como los nuevos conquistadores, con la certeza que llevan el Desarrollo amparado en la Razón que los hace infalibles, convirtiendo el acervo de saberes ancestrales y el buen Sentido Común que las comunidades han construido en el trasegar diario con su entorno, en simples caprichos testarudos de una masa ignorante que no sabe lo que es bueno para ellos. Por eso su apuesta está en la explicación del proyecto y no en la comprensión de lo que las comunidades requieren de ese proyecto (de aquello que les preocupa, le temen o aspiran).

Nos queda la evidencia que ese Desarrollo prometido no llega a las comunidades de las áreas de influencia cuando, a pesar de las grandes inversiones de los proyectos, éstas son cada vez más pobres, más excluidas, más inseguras, con más desempleo, con menor autoestima, con más permeabilidad a la corrupción, etc.

Quizá esto pasa porque los proyectos siguen aferrados al dictamen de una racionalidad con arreglo a fines que no reconoce las variables de otros tipos de racionalidad y también de aquellas no racionales que son propias de los entornos donde se realizan.   En el caso de las carreteras por ejemplo, se considera que la vía es solo para la conexión de dos puntos: desde A a B, para reducir los tiempos de desplazamiento, disminuir el valor de la carga, aumentar el turismo y en general “contar con una conectividad continua y eficiente entre los centros de producción y de consumo, con las principales zonas portuarias y con las zonas de frontera del país”. Con esta visión pareciera que todo lo que hay en el camino es simplemente un obstáculo que hay que superar y los reclamos de las comunidades un problema que hay que resolver; y quizá por eso también, aunque ahora hay una condición para desarrollar programas de RSE muchos de ellos se quedan en actividades asistencialistas que siempre gratifican la pobreza pero no la superan.

Es imperativo que en la nueva generación de concesiones viales (también los proyectos mineros y de hidrocarburos) se superen los límites de la racionalidad instrumental en el relacionamiento con las comunidades de sus áreas de influencia y se propenda por aportes consistentes y coherentes con sus necesidades desde lo que potencialmente pueden aportar para si mismos, para la Región donde se ubican y para el País. Para esto se necesita una perspectiva más amplia de la RSE en conexión con un modelo de Sostenibilidad y una identificación y medición de los impactos sociales positivos que generan los proyectos y desde los cuales se puedan formular programas, planes y proyectos para un verdadero Desarrollo Sostenible desde los territorios. Esto debe ser una labor conjunta entre el Estado, las entidades territoriales, los Concesionarios y las organizaciones gremiales, sociales y académicas de las regiones donde se ubican los proyectos.

Hay que atreverse a mirar a las personas más vulnera­bles como seres humanos completos y morales, escuchar sus necesidades, conocer sus prioridades y sus formas de vida, partiendo de la comprensión de los motivos “para” y motivos “porque” sobre los cuales construyen el Sentido de sus acciones en relación con los Proyectos.


domingo, 18 de septiembre de 2022

GESTION DEL IMPACTO SOCIAL (I)

Que las dimensiones social y medioambiental estén al mismo nivel que el ámbito financiero es uno de los postulados de la Economía de Impacto, una propuesta que -como otras- busca alternativas al calentamiento global y la desigualdad que es donde nos han conducido la visión de la economía centrada en el crecimiento económico a expensas del bienestar social y el equilibrio de los ecosistemas.

Para no generar malos entendidos hay que dejar claro que “La economía de impacto es una economía de mercado. Se basa en la efectividad y la efi­ciencia del mercado, el emprendimiento y la competitividad. Además, permite a los indivi­duos y a las organizaciones la libertad para perseguir sus propias ideas y proyectos. Pero su singularidad reside en que espera que sus participantes puedan, de manera simultánea, satisfacer sus necesidades y tener un impacto positivo sobre la sociedad y el planeta” (Impact Economy Foundation, 2021).

Desde hace décadas la humanidad ha venido planteando distintas teorías, estrategias y mecanismos en procura de prolongar su existencia con las generaciones futuras garantizándoles un mundo adecuado para su supervivencia. Teorías como el desarrollo a escala humana, el decrecimiento económico, el crecimiento inclusivo, las empresas con propósito, el comercio justo, la eco­nomía circular, el consumo ético, los presupuestos del bienestar, la economía del bien común y otras tantas que buscan encontrar un mejor equilibrio entre el retorno financiero con los beneficios ambientales y sociales. Sin embargo para no entrar en discusiones epistemológicas aclaro que mi perspectiva en este caso se basa en lo que se ha llamado la economía de impacto.

Entendemos como Impactos a aquellos cambios y afectaciones que experimentan las personas por causa de un proyecto; y que estos cambios pueden ser medibles, positivos o negativos, intencionados o no intencionados, tangibles o intangibles[1]. Estos impactos se pueden medir identificando y cuantificando métricas consensuadas con los grupos de interés y de esta forma valorar los cambios que experimentan, permitiéndole a las empresas trazar una hoja de ruta de intervenciones asertivas, eficientes y eficaces para su propósito de cumplir a cabalidad con los términos de su contrato y a las comunidades de sus áreas de influencia aprovechar al máximo y de manera óptima los beneficios de los proyectos.  

Dicho esto quiero centrar mi atención en los Impactos Sociales que generan los grandes proyectos de infraestructura vial, especialmente los que van en doble calzada y son concesionados, pues aunque el país ha venido avanzando en la modernización de sus vías y la estructuración de los proyectos cada vez avanzan más en consideraciones de tipo ambiental y social, la realidad es que estos dos factores -como me lo dijo alguna vez un ingeniero- no son determinantes en una licitación; posición que se refleja también en su ejecución donde prima el afán de entregar tramos de carretera y el tema social es simplemente algo con lo que se cumple a rajatabla con las obligaciones contractuales. 

Pero el mundo cambió y los colombianos no somos ajenos. Antes no pesaba el calentamiento global, la desigualdad, la exclusión, estábamos acostumbrados a ser parte de parte de una violencia cultural que legitimaba las otras formas de violencia. Así eran las cosas y no había nada que hacer pero como dije, el mundo cambió aunque hay quienes no se quieren quitar la venda.

Estamos en el punto de quiebre histórico donde las empresas pasan de considerar que su principal indicador de éxito es el buen desempeño financiero a considerar, en el mismo nivel, los beneficios sociales y ambientales que generan los proyectos especialmente en las comunidades de sus áreas de influencia.  



[1] Propuestas para la medición y gestión del impacto social. Universidad Pontificia Comillas. 2021

GESTON DEL IMPACTO SOCIAL (II)

Hemos construido un mundo desde la razón y específicamente desde la razón logocéntrica, es decir aquella que se erige como la única verdader...